Quizá ni ellas lo han dimensionado. Eso, de haber anticipado ciertas catástrofes. Era 2019 y la compañía argentina Piel de Lava experimentaba para crear un nuevo espectáculo. Se nutrieron de debates parlamentarios europeos, pero también vieron algo más. El espectáculo que presentaron este fin de semana en Contemporánea Condeduque plantea un parlamento en una órbita espacial, porque los edificios en la tierra fueron destruidos. Claro esta: eso no sucedió. Pero el estreno en España coincide con una ola de reclamos sociales que son muy potentes. Ni hablar de la imagen del ayuntamiento de Limoges, en Francia.
Es el colapso de un mundo en el que cierta política mira para otro lado, es corrupta o simplemente inútil. De ahí parte el pretexto, el inicio, la punta del ovillo y la chispa. La chispa que lo enciende todo. El teatro, la furia social. Y desde allí parten los cuerpos vivos, hilarantes, críticos, en llamas. Porque la Presidenta del Parlamento que compone Pilar Gamboa no sólo es una composición cómica extraordinaria: es también un retrato de la pantomima de la política. Cada una de ellas (y Zypce) componen personajes terriblemente identificables, pero jamás una pantomima: Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa también hacen que el estómago se retuerza, al tiempo en que uno se ríe.
El devenir de la obra es eso: algo que avanza y que colapsa. Como este universo en el que, salvo excepciones, la política no es un servicio, sino un negocio. En horas del triunfo de Lula, contra todo pronóstico, queda abierta la posibilidad de la esperanza. Y el buen teatro ayuda a que abramos los ojos para que la haya.
Maximiliano Legnani