Un drama rural. De eso hablamos cuando nos referimos a Yerma. Pero, también, de muchas otras cosas. De un aniversario de la generación del '27 que se avecina, de los noventa años del asesinato del poeta, de la presencia de su figura en la conversación pública a raíz del fenómeno de La bola negra, y de un desafío: reponer el espectáculo en la sala en la que se estrenó, hace 92 años.
Yerma está casada con Juan, un hombre enjuto y rudimentario que trabaja la tierra. Él no comprende el padecimiento que ella vive al no quedar embarazada: Yerma no puede concebir en un mundo en el que las mujeres parecen no tener otra misión que ser madres. Las pocas veces que sintió algo parecido a un estremecimiento, fue junto a Víctor. Entre la culpa y los mandatos atraviesa el contraste con otras mujeres, que sí logran embarazarse. Es un mundo machista, rural, pero también simbólico.
Eduardo Vasco creó una versión en la que el texto es protagonista, y el elenco no desentona en ninguno de sus integrantes. Lara Grube crea una Yerma convincente y fresca, y alcanza algunos momentos de intensidad dramática. Francisco Ortiz es un actor con buenos recursos: sin embargo, su Juan despliega mayor intensidad emocional y soltura corporal que los que el texto sugiere. Por otra parte, Toni Agustí compone un Víctor sensible y verosímil. Pese a los méritos individuales, la dinámica de tensión entre un marido no deseado y un vínculo movilizante con Víctor no termina de reflejarse con claridad. Los trabajos de Yolanda Arestegui, como la vieja pagana, y de Ana Veganzones, como María, también se destacan por su solidez.
El coro aporta una belleza y una tensión equilibradas, la construcción de las escenas tiene dinamismo y poética. Quizá haya algo de la dimensión trágica que no termina de encarnarse del todo en ciertas interpretaciones, aunque no dejen de ser acertadas: si Lorca creó un drama rural con reminiscencias de las tragedias griegas (la presencia del coro lo evidencia) hay un vigor que, por momentos, no termina de reflejarse -sobre todo- en la culminación de la pieza.
Maximiliano Legnani