Peligra la casa de Roberto Goyeneche en Saavedra - CABA

Posteado el 15/06/2024

“Me costó mucho ponerla a la venta. Cada vez que entro y veo el cartel, se me cae un dedo. Creo que si llega el momento de firmar la escritura, se me van a caer los brazos” dijo a Teleshow el hijo del Polaco Roberto Goyeneche, el hombre que supo constuir un nuevo dialecto en la entonación del género rioplatense.

“Estoy atrasado en el banco, me cerraron la cuenta y debo plata”, explicó sobre su situación crediticia. “De impuestos debo un mes, que no es deuda. Tengo un mes atrasado, pero ¿qué pasa? El total de lo que debo, si yo vendo acá, voy y cancelo todo”, dijo sobre su decisión de poner en venta la casa del cantor de Buenos Aires pese a su idea de hacer una Casa Museo que propuso en la Ciudad de Buenos Aires y nunca fue escuchado.

 “La idea sería mantenerla. Yo le hice una oferta al Gobierno de la Ciudad, para lo que se presentó un petitorio, pero no me vino a ver nadie”, dijo desilusionado sobre el poco espacio que tiene la conservación del aservo cultural en la Ciudad de Buenos Aires.

Roberto Emilio comenzó a acompañar a su padre a los 15 hasta que llegó el momento en que la relación se volvió profesional. “Empecé a manejarle los papeles y juntos recorrimos todo el mundo. Pero íbamos laburando, no de joda. Una vuelta fuimos dos semanas al Festival de Otoño en París. Tardamos seis meses en volver. Terminaba el Festival de París y nos llamaron de Alemania para contratar el espectáculo. Entonces, en lugar de decirle que no, le aumentaba el cachet. De Alemania a Inglaterra y le aumentaba de nuevo el caché. Tardábamos mucho en volver y en el último el viejo me dijo: ‘Basta’, y tenía razón. Yo también estaba podrido de estar afuera”.

Sus recuerdos adelantaron las páginas hasta el año 1994, cuando la muerte sorprendió al Polaco en un momento de extrema popularidad. “Hasta el año 2000 no tenía fechas disponibles. Ya todos los contratos firmados, sin valores, obvio. Seis años cerrados con shows y presentaciones en televisión”, evocó y conecta aquel esplendor con la amargura del presente. “Lo que me da bronca es que nuestras autoridades no le den bola a un tipo que hizo tanto por la cultura. No estoy hablando ni de la prensa ni del público. Hablo de las autoridades”, recalcó.

Los únicos ingresos con los que cuenta Roberto son su jubilación y lo que deja AADI, la Asociación Argentina de Intérpretes. “Nosotros no estamos ni en SADAIC, porque mi papá no era autor, pero tenemos esa obra social porque mi papá rindió examen y entró. Entonces, cuando falleció, entramos nosotros. Y agradecido porque yo pongo apenas $20.000 de obra social. Y me atienden de primera y jamás pago un arancel. La cuido como el agua. Prefiero no pagar otra cosa o no comer, pero la obra social la garpo”.