Con 100 días de huelga de los actores en EEUU, la protesta alcanzó un récord histórico de extensión con la mayor posición nucleada en el mismo reclamo. La situación es incierta y afecta directamente la producción audiovisual, dado que además se sumaron los guionistas.
Sin diálogo entre las partes el futuro del conflicto parece escalar inesperadamente. “Luego de varias conversaciones significativas está claro que la brecha es demasiado grande las conversaciones no nos llevan a ninguna dirección productiva”, fue lo último que dijo oficialmente la Alianza de Productores de Cine y Televisión (Amptp), que nuclea a los principales estudios, productoras y generadoras de contenidos en la industria de Hollywood.
En tanto, el Sindicato de Actores de Hollywood (SAG-Aftra), cuyos 160.000 afiliados redoblaron la huelga que se inició el 14 de julio, sigue reclamando mayores ingresos por emisiones y repeticiones de películas y series en las plataformas de streaming, un nuevo acuerdo salarial con mejoras económicas y, sobre todo, mayores controles en el uso de la inteligencia artificial (IA). “Los estudios se niegan a proteger a los artistas para que no sean reemplazados por la IA”, es uno de los reclamos más firmes de los huelguistas.
Figuras como George Clooney, Scarlett Johansson, Tyler Perry, Meryl Streep, Bradley Cooper, Jennifer Aniston, Robert De Niro, Ben Affleck, Laura Dern, Ryan Reynolds, Reese Witherspoon y Ariana DeBose compartieron el martes pasado una reunión vía Zoom con Fran Drescher, la presidenta del SAG para buscar una solución.
El punto crucial de la discusión es el llamado “pago residual” a los actores, como compensación por las emisiones de cine y series que se hacen vía streaming. El sindicato reclama 500 millones de dólares anuales que se distribuiría a los actores a través de un fideicomiso administrado por ambas partes (el SAG y los estudios), tomando como referencia los números de audiencia de cada programa. Ese monto se obtendría a partir de un aumento de 57 centavos en el pago mensual que hace cada suscriptor a los servicios de streaming. “Es un impuesto que va demasiado lejos”, consideró Ted Sarandos, uno de los máximos responsables de Netflix, según informa Marcelo Stiletano en La Nación.
Los estudios y las plataformas rechazan de manera tajante esa propuesta, sobre todo porque se niegan terminantemente a compartir los números de audiencia o rating de sus contenidos disponibles vía streaming. Netflix está a la cabeza en esta postura. “Es parte de nuestra promesa con los creadores. Cuando comenzamos a crear programación original, nuestros creadores se sentían bastante atrapados en el mundo del rating del prime time y la taquilla de fin de semana que define sus éxitos y fracasos”, justificó Sarandos.