UN CANTO DE AMOR, LIBERTAD Y DIVERSIDAD - ENSAYO

Camila Sosa es actriz y poeta, protagonizó distintas obras teatrales, films y series de televisión. En este emotivo ensayo, describe con realismo brutal, la mirada alerta de su conciencia, su compasión y rebeldía sobre el machismo estructural que empuja a aquellos que la desean de noche a despreciarla "por pose" de día. Un minuto para leer estas imprescindibles líneas...

"Esta tuerta, manca, renga y tullida diversidad... - Carta de una travesti a los hombres que le gustan.

Yo sé que les gusto. Lo sé. No es necesario ahondar en esa cuestión. Los miro mirarme. Los percibo cuando me escriben, cuando me buscan. Sé que les gusto, más allá de lo que esconda o deje de esconder en mi ropa interior, me doy cuenta del modo en que se me acercan. Cómo les llama la atención el modo en que me visto, cómo me manejo en el mundo, les gusta mi modo de ser y de estar. Pero no lo pueden soportar. Esto es triste. No pueden soportar que les guste una travesti. Ustedes que son tan abiertos, tan militantes, tan políticamente correctos, tan sensibles al arte, tan sensibles a lo que hago como actriz, como escritora. Ustedes, ejemplos de solidaridad y de humanidad para con todas las injusticias de la vida, cuando se enfrentan a que les gusto, a un paso de dar el paso, se echan para atrás.

Reculan, cobardes, como los tipos comunes, esos que no militan, que no ejercitan mucho el pensamiento, que no se reservan una porción del alma para el trabajo con el otro.

Estuve siete años enamorada de un tipo que decía que me amaba, pero jamás me invitó un café, jamás el mundo nos vio juntos, salvo algún amigo, por casualidad, tal vez una visita inesperada, nos descubría in fraganti, amándonos, como cualquier pareja normal, compartiendo una intimidad que no conoció el mundo.

Él me juraba que me amaba, y yo sabía que era así. Pero lo vivíamos a escondidas, porque yo era travesti, prostituta, fea y nunca iba a poder compartir todas las cosas que terminó compartiendo con su actual ex mujer, madre de sus hijos. Yo, que había sido marcada a fuego lento por las palabras de mi viejo, que me decía que agradeciera si no terminaba muerta en una zanja, que me iba a morir sola como un perro porque a los hombres las travestis no le gustaban más que para que les chupen la pija, me callaba. Aceptaba esa forma de amor incompleta, como todas las formas del amor, pero que justo a este, le falta una parte que al cabo de unos años, entendí, era indispensable.

El mundo y la belleza del mundo, y la agonía del mundo, el espíritu del amor y de la compañía, se hicieron para compartirse.

...No para ocultarse. Uno en el camino puede tener la opción, porque es amante de, porque está casado, porque su familia no puede enterarse, de resignar compartir esta porción de vida que nos toca con su dedo benévolo y maldito. Pero es triste saber que a las travestis no se nos da esa opción.

Y les voy a decir por qué. Porque a pesar de toda la evolución del pensamiento respecto a la sexualidad, que parece ser siempre ajena, para ustedes siempre estaremos relacionadas a lo prohibido. A los vidrios polarizados, el amor en los parques de noche, acaballadas sobre ustedes media hora, al bucal, al anal, a ser activas o pasivas, a tener o no tener pito, a tener o no tener tetas. A ser más o menos parecidas a una mujer.

Cuando estrenó "Mía", de Javier Van de Couter recibí un mail que me pintó por entero el panorama. Un tipo me escribió: “pensar que antes pagaba diez pesos para que me chupes la pija, y ahora tengo que pagar para venir a verte al cine, culpa de mi señora”.

Un tipo que gusta de una travesti, no sólo para cumplir con el mandato precioso y humano del: quién no se comió alguna vez un trava… o el culo de las travas, o cómo la chupan las travas… debe hacer un proceso muy similar al de una persona que decide travestirse. Porque es seguro que a pesar de sus buenas intenciones, sus amigos, su familia, su círculo de relaciones, no se va a tomar a bien que guste de una trava. Cómo va a gustarles una travesti! Si seguimos apostadas en las esquinas para satisfacer deseos ocultos, insatisfechos, prohibidos y reprimidos. Si somos meros huecos donde hacer trincheras. No! Eso es imposible, mejor dejarla pasar. Olvidarse de si una travesti tiene o no tiene personalidad, si le gusta o no salir a pasear, irse a un museo, o cocinar al mediodía. No, somos esa masa de humanidad, sin personalidad, que sólo sirve a fines comerciales y sexuales.

Lo cierto es que las travestis también buscamos amor. También queremos que nos abracen. Que compartan el mundo con nosotras. Es nuestro mundo también. Colaboramos con él. Lo destruimos como ustedes, lo embellecemos como ustedes, lo habitamos como ustedes. Queremos sentirnos comunes. Queremos tener rótulos como cualquier mina que nació con una flor de vagina entre las narpies. Queremos ser sus compañeras, sus novias, las madres de sus hijos, queremos ser sus tías, sus madres, sus hermanas. No sólo esto que nos toca en suerte por ahora. Queremos al fin y al cabo, formar una familia, si se nos da la gana. Tener esa opción, aunque sea para desestimarla. Pero somos como los negros de la esclavitud. Tenemos las leyes y el espacio para ser incluidas, y sin embargo, un dejo marginal tienen nuestras frentes y nuestras ropas. Somos buenas en la cama porque fue nuestro oficio durante siglos, pero también somos buenas fuera de ella. Sólo es cuestión de darse y darnos la oportunidad.

Por supuesto el "qué dirán" pasó de moda. Por supuesto que a nadie le importa el qué dirán. Por eso tantas doncellas se ponen de novias con albañiles, por eso tantos políticos interesados en la inclusión social, están de novios con gorditas maestras rurales. Por eso existen tantas parejas disparejas, viejos con jóvenes, ricos con pobres, bestias con animales domésticos, ejecutivos con barrenderos. Si, definitivamente el "qué dirán" pasó de moda y el sistema no nos programa, no nos enseña, no nos domina.

No nos obliga a gustar de lo que al mismo sistema le gusta. No! Eso fue hace muchos años, cuando en la humanidad no habíamos sufrido aún el holocausto. Claro, después de eso, fuimos mejores seres humanos...

Las travestis aún tenemos recelo de salir a la calle de día, por temor a que nos agredan, a que nos discriminen, a que nos humillen públicamente como siempre lo han hecho. Por suerte y perdonen tan poco feliz comparación, nos chupa un huevo cada vez menos sus municiones de machos reprimidos. Porque sabemos que en el fondo gustan de nosotras. Y estamos llenas de misterios y recovecos que descubrir. Qué peligro una persona misteriosa para sus corazones de madera.

Lo cierto, mis queridos machocabríos, es que me dan pena. No imagino pasillos más secos que los de su corazón. Espíritus más yermos que los suyos. Incapaces de superar los mandatos de mamá y papá y de los amigos con los que comen asado y juegan a la pelota. Decía William Blake que es preferible asesinar a un recién nacido que nutrir un deseo que no podemos cumplir. Es un tipo radical, claro está, pero viene bien recordar que los seres humanos estamos tejidos de deseos, y que son esos deseos los que nos mueven a amar, a sanar (que es lo mismo), a crear, a destruir, a dar vida o a matar.

No podemos desprendernos del todo de un pasado de escamas y pezuñas, de caminar en cuatro patas y vivir en cuevas o arriba de los árboles. El deseo nos motiva y nos enferma, y en eso no hay muchas diferencias religiosas, sociales o económicas que nos separen. Somos esto, una enorme masa de humanidad que se nutre y se destruye a través de sus deseos, algunos más nobles, otros más abyectos.

Pero tienen que saber, ustedes, hombres a los que les gusto, que las travestis no formamos parte de esas oscuras elucubraciones y pánicos escénicos que los mueven sólo a proponernos conquistas sexuales. También sabemos hablar, reírnos, llorar y compartir una cerveza sin que medie un forro de por medio.
Déjenme decirles que yo tampoco soy sólo actriz y poeta y que mi espectro de tópicos de tertulia no son sólo el teatro y la literatura. También quiero que me amen. Por eso soy actriz y poeta manga de pelotudos.
No es necesario que existan excusas para compartir el mundo conmigo o con cualquier travesti que se precie. Sólo debe pasar. Porque somos travestis pero no somos boludas.

Sabemos que les gustamos. Sabemos que los atormenta no poder cruzar ese muro de caca seca y barro con el que construyeron la idea de que no valemos más que una tarifa por hora y un par de camas a escondidas. No mientan, no se mientan ni nos mientan. Nos criamos en la calle, sabemos mirar a los ojos, tenemos intuición.

Estamos solas, sólo contamos con nuestros amigos y tal vez algunas con nuestros padres. No es necesario que nos marginen de un deseo sólo por ser travestis. Margínennos por ser unas hijas de puta, por ser unas soretes dañinas y mal llevadas, pero no por ser travestis. Somos lindas bajo el sol, en el campo, en el cine, en la calle, en un colectivo, en un restaurante. No retroalimenten esa dialéctica espantosa donde tenemos que ser como ustedes quieren o morirnos solas oliendo a pis de gato.

Sino toda esta incipiente pluralidad que hasta ahora sólo ha incluido leyes y una reafirmación de la comunidad, está incompleta. Es un soldado con heridas de guerra. Un libro sin final.

Y se los vuelvo a repetir. Yo se que les gusto y que les pica el bichito cuando me ven, pero nunca van a elegir a una travesti fea, sin tetas, con un vocabulario soez (sic), y que fue prostituta durante su más preciosa juventud. Lo se. Y estoy dispuesta a dejar la vida en el camino para que esto cambie. Para que todas las travestis que vengan en el futuro no tengan que estar enfermas de soledad y terror como lo estoy en este momento, que siempre estuve relegada al cajón de la vergüenza.

Como dice Lohana Berkins, no se si me toque ver un mundo mejor, pero estamos trabajando para eso. Para la aceptación total, plena, pura e ingenua de nuestra condición.

Y puedo escribirles esto, porque alguna vez, conocí a un tipo que me amó, profundamente, toda, a la luz del sol y a la vista de todos. Y esa sensación de ser normal, común y corriente como todas las parejas que envidié desde las sombras durante tantos años, es lo que me hace pensar, que no todo es como nos hicieron creer y que hay un mundo mejor que no tiene que ver con este."

Camila Sosa Villada