SEGURO DE BUEN TEATRO Y RISA

Luces y sombras de un recuerdo de infancia que se alterna con la conciencia del adulto, generando la risa inocente de quien memora con nostalgia pero sin melancolía.

La figura central avanza por el escenario desafiante hacia un grupo grande de forajidos alumnos reunidos por la inauguración del techo del patio escolar.

En el acto están todos: alumnos, cuerpo docentes, maestranza, supervisoras, directora y retirados. La maestra hablará de todo amalgamando educación prusiana en expresiones de magistralidad, filosofía de asfalto, retórica represiva y la ternura de quienes inundaron su vidas de mate cocido y cubrieron sus guardapolvos de tiza en pos de la enunciación de la fe por un país mejor.

Todo es verdadero en este espectáculo. La discreción tecnológica que acompaña pero no invade, la iluminación que va al pulso de la protagonista y sus circunstancias emocionales, los recursos del unipersonal utilizados en su justa medida. La risa parece no parar, hasta cuando el espectador horrorizado decide "tomar distancia" de la protagonista, utiliza esta posibilidad espontánea.

La entrañable maestra reaparece en el cuerpo de Juan Pablo Geretto, con todos sus matices, sus latigüillos, su cadencia al recitar, sus dramatismos románticos que le generan fobia por la tecnología. Su espacio es eterno y propio: la escuela pública a la que increpa y defiende con la misma pasión. Ana Sanz vuelve a realizar este cuadro de teatralidad magistralmente, aportando los climas de cada momento y apoyando "la palabra" de quien tiene mucho para decir. Altamente recomendable. En el Multiteatro.

Luis Bremer