"NO A LA GUITA" - CRITICA

Son tiempos donde reir se torna imprescindible para digerir una realidad social adversa y donde el teatro, con propuestas simples pero rotundas, también hace trinchera e interpela esa capacidad maravillosa del ser humano.

Reir por reir. No contra nadie sino unidos en ese espejo aumentado que permite detectar nuestras contradicciones, moralinas y pequeñas codicias cotidianas.

La comedia "No a la guita" tiene un sólo propósito: hacer reir hasta descostillar a cada espectador. Y no sólo lo logra sino que supera ese objetivo artístico.

La alquimista del humor, la bastonera de los gags y artesana de ese mínimo silencio previo al remate que hace explotar la carcajada se llama Betiana Blum. Dueña de la escena flota, se divierte, muestra su filo humorístico y revalida su título sobre el escenario.

Junto a ella el efectivísimo Diego Reinhold que muestra una paleta de sensaciones y emociones ante la decisión de su amigo (Felipe Colombo) que no quiere cobrar una millonaria cifra de un billete de lotería. El personaje de Colombo reúne a su querida familia para anoticiarle su supuestamente generosa decisión y manifiesta sus ideales.

Paula Kohan brilla con un personaje que irá descascarándose, rompiéndose y luego irrumpirá con toda su energía en medio de una situación que la arrasa y cambiará su vida. Pone todo al servicio de su criatura y los contrapuntos con Blum son brillantes.

Y algo más: No siempre en el teatro la suma de las partes da un resultado equivalente. Allí reside la detreza del director o directora de combinar la dramaturgia con las marcaciones coreográficas y las intenciones interpretativas de los actores y actrices. Lia Jelín lográ ritmo propio y ágil en esta historia que se transforma en un "tour de force" en escena con cada movimiento milimétricamente pensado en función de esa danza familiar buscando la fortuna.

Risa honesta, la disruptiva realidad cotidiana, los contrastes desenfadados, calidad artística y maravillosos intérpretes. Cuando la suma de las partes da mucho más que sus individualidades unidas, se logra una belleza superadora y una risa más explosiva. Imperdible!

Luis Bremer