Juego de roles, ceremonia secreta, perversa. Clara y Solange van hasta el límite y más allá, son capaces de todo, ellas creen.
Ritual diabólico, preparadas para el crimen, adoran a la Señora, la envidian, husmean en sus cosas, como perras en celo, como huérfanas vagando por las calles, sin nada. Sólo con su odio.
Mientras tanto, la Señora se luce, se pavonea, disfruta del dolor ajeno, goza con la tortura, resplandece con su risotada de triunfo... Quererse en la esclavitud no es quererse.