FALLECIO LYDIA LAMAISON - URGENTE
Mendocina de nacimiento y porteña de corazón. Apasionada en su vocación teatral y en sus convicciones humanitarias. Esta mañana falleció la excepcional Lydia Lamaison a sus jóvenes 97 años. Quería llegar a los 100 y entrar al libro Guiness como la actriz más longeva en actividad.
Inició su carrera en el teatro en la compañía de Blanca Podestá. En 1939 trabajó en su primera película, "Alas de mi Patria" de Carlos Borcosque y en 1940 fue elegida Revelación Femenina por su labor en "Madame Curie". Su actividad teatral fue su principal espacio de creación.
En materia cinematográfica participó de 25 films, como: "La hora de las sorpresas", "La caída", "Fin de fiesta", "Un guapo del 900", "En mi casa mando yo", "La fiaca", "En retirada", "Pasajeros de una pesadilla", y "Ciudad del sol", entre otras.
Luego de una larga inactividad durante el gobierno peronista fue convocada por Leopoldo Torre Nilsson para participar en La caída, con Elsa Daniel y Lautaro Murúa, por la que ganó un premio a la Mejor Actriz de Reparto. Por sus labores en "Fin de fiesta" y "Un guapo del 900" ganó un premio a la Mejor Actriz y uno a la Mejor Actriz de Reparto por su labor en "Voy a hablar de la esperanza" una adelantada película en su formato puesto que Borcosque dividió en tres tiempos la trama e invirtió su tiempo.
En 2003 escribió "¿Qué es el erotismo?", un espectáculo unipersonal que ella misma ofreció; una obra teatral que, básicamente, distingue claramente el amor erótico del sexo. A mediados de 2004 se estrenó en el Teatro Regina "El libro de Ruth".
Otras obras de la innumerable cantidad en las que participó son: "Perdidos en Yonkers", "Los físicos", "Doña disparate y Bambuco", "Ollantay", "Biógrafo", "Pasajeras", "Parecen ángeles", entre otras.
Lamaison unió su trayectoria artística con la vicepresidencia de la Casa del Teatro, la cual ejerció de manera efectiva y presente hasta los últimos días.
Alegre, tenaz, siempre en actividad, en movimiento, subiendo y bajando a su departamento de segundo piso por escalera en donde residió durante décadas. En la oficina de la Casa del Teatro estaba siempre dispuesta a atender las necesidades de quienes dieron su tiempo y aliento a la creación y el devenir de la vida los dejó sin asistencia. Lidia era una de esas presencias indispensables, señeras en lo suyo y con una convicción inalterable a lo largo de los años. Se negaba a saludar en estrenos a colegas que habían sido complacientes con la dictadura. Lidia se extrañará y guardaremos su sonrisa y presencia en el espacio más querido de nuestra memoria.
Luis Bremer



















