EL ADIOS AL "TEATRO DE LA COMEDIA" - OPINION

El "Teatro de la Comedia" atraviesa un verdadero "drama". De nada sirvieron las advertencias desde hace un año de que este espacio cultural vital de Barrio Norte corría riesgos de cierre. Ni la Orden de Religiosas que manejan el destino de la sala fue flexible ante la CRISIS que vive el sector, ni ninguna autoridad de Cultura de la Ciudad salió al auxilio antes de que el telón bajara para siempre.

Ahora, en su futuro próximo le espera la demolición de partes de la sala y la instalación de un gimnasio que ya tiene concesionado el 1er piso de la propiedad. El dinero ganó a la cultura, las máquinas de entrenamiento físico al espacio vital de reflexión y ejercicio de la conciencia...

Su marquesina ya se bajó, las luces que alumbraban de noche la lúgubre cuadra de Rodriguez Peña entre Santa Fe y Marcelo T. de Alvear dejarán de iluminar... Y la paradoja es que uno de los barrios más distinguidos de la ciudad dejó partir sin chistar un espacio de cultura emblemático.

Salvando las distancias, viene como eco a la memoria, la historia del desaparecido Teatro Odeón. Desde ese escenario se reclamaba democracia en tiempos de dictadura, desde allí principales referentes de la cultura ejercían la enorme posibilidad de interpretar, interpelar y conmover. Susana Rinaldi se paró en la puerta con un megáfono impidiendo su demolición, sin embargo la fuerza de la cultura no pudo con la impunidad del negocio y fue derruído en 1991 por orden del Presidente Menem que liberó al propietario de la obligación legal de construir allí un nuevo teatro.

Todo un símbolo el Odeón... El menemismo lo derrumbó para dar paso a un estacionamiento en pleno auge consumista de automóviles y hace poco tiempo, la construcción de un espacio de co-working ("We Work") da cuenta de un tiempo donde las empresas tienden a desaparecer habilitando el tan promovido "emprendedorismo" como liberadora salida laboral enmascarando la flexibilización y el ultraje de los cada vez menos derechos laborales...

Cada vez que cierra un Teatro, la ciudad donde estuvo emplazado debería vivir un duelo. Y repensarse como estructura orgánica social... ¿Que buscamos de aquel espacio donde vivimos?, ¿qué privilegiamos?, ¿qué auspiciamos?, ¿en qué van los esfuerzos del dinero público y privado? Tal vez, algún día nos dispongamos a encontrar estas respuestas y tengamos nuevamente una Ciudad que dignifique la Cultura y sus espacios, que respete a sus intérpretes y realizadores, y que finalmente no sea un rompecabezas de estéticas, rebusques y justificaciones sino un lugar pleno para el desarrollo intelectual, cultural y económico de la mayoría.

Luis Bremer