CRISIS Y MEGADEVALUACION: MAS ALLA DE LA DESILUSION... - OPINION

Fue en finales de los 80 y siendo muy chico cuando vi como mis vecinos corrían por las góndolas de un supermercado tratando de apertrecharse algún paquete de yerba antes que los remarcadores atacaran a tiro de nuevo precio el paquete.

También en ese tiempo, una vecina que difícilmente llegaba al 20 del mes, dedicaba su tiempo a cambiar 2 veces por dia su dinero nacional a dólares y viceversa, para sacar ventaja de la ruleta financiera en lo que llamaban "hacer trabajar el dinero"... Como si el papel inerte tuviese la enorme capacidad y esfuerzo que conlleva el concepto "trabajar".

Luego llegaron los 90 y el "menemato" dejó a tantos sin trabajo mientras la ciudad se superpoblaba de locales de "Todo por $1.-" con importados chinos, y canchas de paddle fundadas por desempleados fabriles. La fiebre del importado también se veía en los supermercados. Recuerdo mis recorridas por las góndolas del super "Norte" en donde la mitad del enorme playón estaba dedicado a recorrer el mundo en sabores dejando bien de lado idénticos productos nacionales.

No había que ser muy lúcido para entender lo que venía... Era mi adolescencia y ayudada a mantener mi casa. Mi vieja y yo laburábamos y era todo cuesta arriba, no me la contaron: la viví.

Llegó final cuando en el 2001 estalló la calle. Los amigos del poder tuvieron información privilegiada y salvaron sus ahorros dolarizados, los demás quedaron golpeando las puertas de los bancos que se vistieron de chapa para evitar los estallidos de los vidrios y los empleados de las entidades salían con seguridad y tenían dentro asistencia psicológica, víctimas del mismo sistema pero con mejor sueldo. Leí la información de la muerte del periodista deportivo García Blanco por no tener el dinero que había ahorrado toda su vida para poder mejorar su salud. Así es, más allá de los fríos números de la macroeconomía está la vida de las personas...

Ahora, nuestro hermoso y querido país se asoma a una nueva crisis. Los eruditos de los números, educados en los mejores colegios, formados por universidades ejemplares del mundo y que dicen ser los mejores de los últimos años, manotean siempre las mismas fórmulas del éxito que llevan a una gran mayoría a la desesperanza y el fracaso.

Las crisis siempre las pagan los mismos y lo más perverso es escuchar algunas voces que encima les cargan la culpa a estos, asegurando que por prender la estufa en invierno, el aire acondicionado en verano o por comprarse un asado para compartir con amigos son los causantes del desfalco, la corrida, la especulación y la devalueta eterna... Los versos del marketing chocan de frente con una cruda realidad donde ni el asalariado se salva, mucho menos los que cayeron de la lona y sienten que la 'exclusión' ya no es una realidad de otros.

Siento a la vez esa VOZ entusiasmada y amorosa que mis viejos inmigrantes me heredaron y constituyeron parte de mi identidad nacional: "Argentina es el país más bello del mundo, nunca lo olvides" me repetían luego de escapar del hambre y la guerra. Y no se equivocaron en nada...

Veo la perseverancia laboriosa de los que no pierden la fe en el subte o el bondi yendo al trabajo o buscándolo, los estudiantes marchando abrazados sabiéndose dueños de su futuro superador gracias a la Universidad Pública, la marcha "Ni Una Menos" que hizo despertar al mundo de su estúpida violencia machista... Sentí el aire de la montaña en uno de los tantos viajes a Mendoza inspirando una parte de eternidad en ese aliento, me hipnotizé en el Doradillo viendo jugar a las ballenas francas como si fueran mascotas en un patio, entendí que mucho antes que los Españoles en nuestra tierra y los rastros incaicos hubo poblaciones con cultura propia por ejemplo en el Mollar (Tucumán) o la Quebrada de Humahuaca, para citar 2 ejemplos. Los caminos por los que caminé arman sendero en mi... Uno es su tierra y la experiencia que vive en ella.

No puedo dejar de ilusionarme con "el país más bello del mundo" aunque tropiece, aunque lo embusten, aunque lo condenen sin causa, aunque lo sugestionen o le vendan espejitos de colores cada tanto, repitiendo la leyenda colonialista de Cristobal en su primer viaje a "Las Indias".

Luis Bremer