"CARISMEANDO" POR UN SUEÑO

Al parecer el "carisma" es la fascinación o encanto que ciertas personas producen en los demás y también en su defición relativa se habla de un don divino que gratuitamente se le entrega a algunos elegidos en beneficio de su comunidad.

Este año Showmatch tuvo poco de baile en el privilegio de la elección del público y mucho de show (pasos de comedia, confrontaciones y Tinelli mejor que nunca en su rol de árbitro y repartidor de aire).

La Mole Moli y Paula Cháves llegan a la final sin que su principal cualidad sea "bailar" de una manera prodigiosa. Paula se las arregla bien, la mole es casi la caricatura en negativo de un bailarín.

Sin embargo algo los llevó, más allá de la casualidad o los supuestos artilugios de producción a la final del certamen.

En él su impronta provinciana y su esquela de supuesta inocencia combinada con una brutalidad controlada armaron un arquetipo que la gente aceptó con sus luces y sombras.

El efecto Paula es distinto: aniñada, edípica, celotípica, fresca, romántica y platónica fueron cualidades que sumaron en un público que en el "reality fiction" precisaban de una imagen purificada al estilo de las heroínas de antes.

Ambos son referentes de un año en el que el público televisivo no deseo el virtuosismo en la técnica de baile sino otra cosa: esa atracción que eclipsaba la pantalla aunque fuesen predecibles los personajes, la trama fuese repetida y los modelos grotescos. Conexiones psicológicas llevaron a que una parte de la sociedad los eligiese para esta final como el duelo entre: "La bella y la bestia"...

¿Casi de película no? Y así debe ser, como todo cuentito. El "final feliz" no escapará de esta narración tampoco...

Luis Bremer