La caída del consumo de carne vacuna refleja un cambio profundo en la mesa de los argentinos, atravesado por la pérdida de poder adquisitivo, los precios elevados y una oferta interna cada vez más limitada.
En 2026, el consumo bovino se ubicó en torno a los 46 kilos por habitante al año, mientras que el pollo logró superarlo por primera vez en los registros recientes.
El retroceso no es un fenómeno aislado ni se limita a las decisiones de compra de los últimos meses. Durante décadas, la carne vacuna fue uno de los alimentos centrales de la dieta argentina, pero su participación comenzó a reducirse a medida que aumentaron los precios relativos, se estancó la producción y otras proteínas ganaron terreno en el mercado.
A fines de la década de 1960, el consumo de carne bovina superaba los 80 kilos por habitante al año y llegó a rondar los 84 kilos.
En 2023, el indicador se ubicaba en 49 kilos, de acuerdo con los registros históricos disponibles. La tendencia descendente se profundizó durante 2026 y llevó el consumo a niveles inéditos en las series estadísticas más recientes.