"LA SEÑORITA JULIA"

por: 
Maxi Legnani

"Son muchas las ocasiones en que se ponen en escena versiones (más o menos libres) de grandes textos o de (llamados) clásicos del teatro. Y, lamentablemente, hay una tendencia general a que esas puestas tiendan a ser anticuadas o soporíferas. No siempre, claro, ni mucho menos, pero es más habitual de lo deseado.

El próximo sábado será la última función de una gran versión de La señorita Julia, de Strindberg, adaptada por el recientemente fallecido Alberto Ure junto a José Tcherkaski. Cristina Banegas dirige el elenco encabezado por Belén Blanco, en el cual también están Diego Echegoyen y Susana Brussa.

Decía Juan Carlos Gené que el teatro debe ser como el filo de un cuchillo: siempre vida, pura vida sostenida en ese filo. Y eso, algo milagroso, algo titánico, algo sacrificado, sucede en esta obra: la adaptación, las interpretaciones y la dirección son de una potencia arrolladora y consiguen que la voz de Strindberg, la fuerza de su texto, estalle de vida.

Una vez más, Belén Blanco demuestra que es una excelente actriz, una de las mejores de su generación (recordemos también su rol vampírico y fascinante en Querido Ibsen: soy Nora, de Griselda Gambaro). En esta ocasión, es una serpiente que seduce y ataca, que llora, grita y manipula con la impunidad de la clase alta a la que pertenece la señorita Julia.

Echegoyen y Brussa acompañan con solidez a esta estupenda protagonista. La puesta de luces y de sonido dan un aura necesaria a la blancura total de la sala del Excéntrico de la 18, en la cual un gran texto, en manos de esa grande de la escena que es Banegas, vuelve a poseer también al espectador, para hablar de un sometimiento del poder (y de clase) que sigue incólume, pese a todo.

Este sábado, última función."

Colaboración periodística: Maxi Legnani
Twitter @maxilegnani