"EXTRAÑOS EN UN TREN"

por: 
Javier Fabracci

Ver en la misma marquesina del teatro Güemes de Mar del Plata los afiches de “Los 39 escalones” y “Extraños en un tren” puede dar lugar a confusiones. Mismo productor (Javier Faroni), mismo director (Manuel González Gil) y una clara referencia a míticas películas de Alfred Hitchcock podría hacernos suponer que comparten el mismo estilo. Pero la diferencia es radical y vale la pena aclararlo de entrada.

“Los 39 escalones”
es una comedia desopilante en la que los protagonistas interpretan infinidad de personajes en torno a una historia de crimen y misterio. En el caso de “Extraños en un tren”, sin embargo, el crimen y el misterio se presentan en una trama dramática y oscura, incluso mucho más que en la película de Hitchcock.

Dos extraños se cruzan en un tren, inician una conversación, desnudan sus conflictos y uno de ellos (Puma Goity)le propone al otro (Ludovico Di Santo) el crimen perfecto que resolverá sus problemas: que cada uno asesine a aquel que complica la vida del otro. Al no haber vínculo alguno entre víctima y victimario la policía jamás encontrará al asesino. Mientras uno de ellos supone que esto es tan sólo un delirio, el otro lleva a cabo su parte del “trato” y comenzará luego a acosar despiadadamente a su compañero de viaje para que cumpla la suya.

La trama sigue en líneas generales el clásico de Hitchcock en cuanto a estética y climas, pero se acerca mucho más a la novela original de Patricia Highsmith. Vemos personajes más siniestros y complejos que aquellos que Hitchcock debió edulcorar y moralizar en plena censura macartista.

La obra crece fundamentalmente en la composición del Puma Goity que despliega todos los matices de este oscuro personaje. Ludovico Di Santo se luce en su coprotagónico no menos complejo. Con roles secundarios pero fundamentales acompañan Adriana Aizemberg, Pompeyo Audivert, Alejo García Pintos y Martina Guzmán.

La puesta, en manos de Manuel González Gil alcanza el dinamismo necesario de la mano de la música de Martín Bianchedi, la iluminación de Gonzalo Córdova y la escenografía de Jorge Ferrari.