"CASI NORMALES"

por: 
Javier Fabracci

Con un Pulitzer y tres premios Tony sobre sus espaldas, “Casi Normales” (“Next to Normal”) desembarcó en Buenos Aires generando gran expectativa por el éxito alcanzado en Broadway. Y la puesta local está a la altura de las circunstancias.

Este musical impacta por su historia, profundamente dramática. Una “familia tipo”: mamá (Laura Conforte), papá (Alejandro Paker) y dos hijos (Florencia Otero y Matías Mayer) lleva una vida “casi normal”, o eso trata de hacer, porque la realidad se impone: la madre padece un grave trastorno de bipolaridad desde hace 16 años. Lidiar con esto no es fácil para ninguno de ellos. El hecho que desencadenó el conflicto lo descubrimos a poco de empezada la obra y sin dudas cambia por completo nuestra mirada sobre lo que ocurre en el escenario.

En este contexto ingresan Mariano Chiessa interpretando a diferentes psiquiatras y Fernando Dente como el novio de Florencia.

Con una partitura potente y agradable que se desarrolla entre el pop y el rock se va contando la historia y se empiezan a plantear cuáles son los límites de la cordura. "¿Quién es “el loco”?", pregunta Paker en una canción. ¿El que manifiesta el conflicto o también quien lo calla y sigue su vida como si nada hubiera pasado?

La locura es uno de los grandes tabúes que padecemos los humanos, pero tratar de recuperar la “normalidad” a cualquier costo (un desfile de psiquiatras, pastillas de todos los colores y hasta electroshocks) no deja de ser también una manifestación patológica, aunque claro, socialmente mucho más aceptada.

Si bien el drama es intenso (“es de llorar”, dirían las abuelas), el humor está presente a lo largo de la obra y ayuda a distender.

La capacidad interpretativa de Laura Conforte en el rol protagónico es el gran pilar de “Casi Normales”. Lejos de aquella tierna “Novicia Rebelde”, aquí Laura desarrolla una profundidad y variedad de matices admirables. También vale resaltar el trabajo y versatilidad de Mariano Chiessa (que brilló en “Avenida Q”) y la gran revelación de Matías Mayer como el hijo, personaje complejo que necesita de un gran carisma que él alcanza holgadamente. Alejandro Paker, Florencia Otero y Fernando Dente componen sus personajes correctamente. Todos ellos bajo una destacada dirección de Luis Romero que supo aportarle la necesaria carga dramática a la puesta. El único punto quizás cuestionable sea la resolución de la escena del electroshock, que no acompaña la trascendencia que tiene para la trama.

La banda en vivo dirigida por Gaby Goldman se luce completando este gran espectáculo que une la música, el talento interpretativo y una historia para reflexionar sobre nuestra propia “normalidad”.

Javier Fabracci