"BARBIERISIMA"

por: 
Luis Bremer

El cuarto espectáculo de Carmen Barbieri con guión y dirección de Santiago Bal presenta luces y sombras en el escenario del Teatro Atlas en Mar del Plata.

El show se presenta como una galería de imágenes y cuadros de humor donde se destacan algunas participaciones, el vestuario y la presencia escénica de algunas figuras.

El mayor error fácilmente detectable es de guión y dirección. Los sketches no tienen remates de texto (sólo con redobles musicales en algunos casos) y el humor contiene chistes del estilo: "yo me defiendo, el tema es que nadie me ataca" (frases que en la voz de Niní Marshall en la década del 50 podían descostillar de risa a cualquiera, sin embargo en la distancia del tiempo más el plagio evidentente quitan efecto al mismo.

Siguiéndo con el guión, en tres oportunidades se hacen alusiones (que intentan sean graciosas) a las violaciones o la violencia de género (guión de Germán Krauss al comienzo cuando le dice a una chica: "Ojo que si te vas con el Ogro Fabbiani te faja" (sonrisas posteriores invitando al público a reirse); y cuando Fernando Ramirez imita a la Mole a quien en un barrio humilde se sindica como un violador serial y todo su texto es una apología de un delito en un momento donde en nuestro país preocupan los femicidios.

Sin ahondar en los detalles de guión, es impreciso el humor melancólico que intenta mostrar con el sketch de Carmen y Krauss en donde Germán es un linyera que visita a su novia de juventud y ella para acompañarlo deja su clase acomodada y se viste como el para acompañarlo. El guión entero deja la sensación de un sólo hilo conductor: "la queja" y desluce la puesta y a cada actor que la dice.

Se diferencia de esta generalidad el telón de Beto César, muy festejado por la gente y parte del sketch que el cómico comparte con Carmen haciendo de Colón y su esposa.

Los errores de dirección están en la inutilización de muchas buenas figuras del espectáculo: intérpretes talentosas que pasan imperceptibles por el escenario y algunas personas que deberían pedir perdón a la salida a los espectadores con más salidas que las precisas.

El show tiene sus momentos de alto impacto en el público con el tap de Carmen, las apariciones de Daniel Ambrosino y Rodrigo Lussich (que son aplaudidos como actores consagrados por el público que festeja cada una de sus ocurrencias y cuentan internas que los espectadores conocen por seguir sus carreras) y finalmente la música donde Donald, Matos y Juan Marcelo hacen estallar la fiesta.

Las coreografías son buenas y se destacan especialmente como señalaba: el tap de Carmen, el samba de Andréa Estevez y Andrea Ghidone con una versión perfectible de "Mi ciudad" (en alusión a Montevideo), en este último caso hubiese sido un guiño más cercano al público replicar la melodía emblemática de Nacha Guevara cambiando su letra en función a la capital uruguaya.

Zulma lográ su momento de mayor lucimiento con un sketch donde personifica a una tía que desea recuperar su deseo sexual levantándose a un chofer, en cuanto al telón que realiza queda desprovista de todo apoyo por parte de la dirección y expuesta en una tarea que es para pocos: sostener la escena a telón cerrado.

Adriana Barrientos no apareció nunca en escena (¿habrá subido en algún momento?). Pallioti, Pestaña y Scheffler dan pudor al verlas pisar con cierta inseguridad el escenario y pasar letra como si fuese una estudiantina. Desaprovechados Lussich, Rella, Ambrosino y lo más inaceptable Beto César y Germán Krauss.

Carmen es un talento que merece otro espectáculo que la dignifique como artista y como mujer. El vestuario "increíble y nunca visto en una revista" con el mayor brillo jamás producido, no puede sostener una puesta donde falla algo: el guionista y director.

Barbierísima se queda en el intento de ser la gran revista que Carmen merece como obrera del espectáculo. La gente agradece los momentos de verdadero arte y compromiso con la "verdad del humor" y ya no festeja "porque si", la reproducción de chistes viejos y comentarios como "me comería un guiso de mondongo" cuando hace décadas que culturalmente no es el alimento más popular. El público sabe y no se lo puede engañar tras el brillo de una marquesina.

Luis Bremer